Monseñor Viganò, de nuevo confronta a la inoculación obligatoria

 

Todos hemos aprendido que en algunas Diócesis de los Estados Unidos de América, y en particular en la Arquidiócesis de Chicago: la Autoridad Eclesiástica está obligando a sus Clérigos y empleados fieles a vacunarse, como condición para asistir a celebraciones, actividades litúrgicas, de trabajo pastoral e inclusive, por el solo hecho de ser Sacerdotes con un Ministerio. En Italia y en otros países, también se están imponiendo medidas despóticas semejantes.

Los Sacerdotes que incumplan las disposiciones del Ordinario, serán privados de sus facultades sacerdotales y de sus medios de subsistencia. Como consecuencia, se cerrarán muchas iglesias, con daños muy graves al salus animarum, debido a la falta de Clérigos que puedan reemplazar a aquellos que no serán inyectados con el suero genético experimental. Por lo que se sabe, no son pocos los Pastores de almas que se opondrán -tal y como es su pleno derecho como ciudadanos estadounidenses y católicos- a una clara negativa a disposiciones sacrílegas e ilegítimas, nulas y que exponen a los interesados ​​a lo inmediato concreto, a efectos secundarios graves y peligrosos, que incluyen el riesgo de muerte. Lo anterior, sin mencionar las implicaciones morales de aceptar la inoculación de un fármaco, para cuya producción se utilizan líneas celulares fetales de abortos.

El sometimiento de la Jerarquía bergogliana a la farsa pandémica y la imposición de la llamada vacunación, ha transformado a los Ministros de Dios en gurús de la pandemia, a los Obispos en vendedores de suero experimental y a todo el cuerpo eclesial, en víctima de la experimentación masiva. Esto constituye una traición sin precedentes a la Misión Divina de la Iglesia de Cristo, así como al poder de los Pastores y al mandato de los Sacerdotes, en un proceso que sustituye la religión revelada, por un culto pseudocientífico, que raya en la idolatría. Si estos abusos ya son graves proviniendo de la autoridad civil -cuya corrupción y conflictos de intereses son ahora universalmente conocidos y denunciados-,  más grave es aún, la cooperación en este crimen global, por parte de la autoridad eclesiástica.

Ante tales violaciones de la ley, es necesario denunciar  la deliberada complicidad de la Jerarquía, en el diabólico plan globalista del Gran Reseteo, y resistir con firmeza y valentía, a esta opresión ratificada por la Santa Sede.

Renuevo con fuerza el llamamiento que lancé en el reciente evento celebrado en Dubuque (Iowa), a favor de la Coalición de Sacerdotes Cancelados, invitando a los laicos a apoyar a sus Sacerdotes con iniciativas coordinadas. Es necesario crear una Fundación Internacional que recolecte donaciones y contribuciones de los fieles, desviándolos de las Parroquias y de las Diócesis que están confabulando con el actual régimen bergogliano. Cuando los obispos se vean afectados en la cuenta bancaria, probablemente se verán forzados a moderar su trabajo de excluir a los buenos Sacerdotes. Iniciativas como la Coalición por Sacerdotes Cancelados y otros proyectos similares, son una necesidad urgente en esta hora de persecución. Cada uno de nosotros -según sus medios- podrán hacer una contribución concreta, no necesariamente  financiera, inclusive simplemente destinando los donativos a quienes las merecen, y no a quienes las utilizan para hostigar a los buenos clérigos.

Los fieles católicos abren sus casas a los sacerdotes perseguidos por la tiranía de los Obispos aliados al globalismo, poniéndolas a disposición para la celebración del Santo Sacrificio de la Misa. Reunidas alrededor de estos altares domésticos, las comunidades refractarias podrán así seguir rindiendo debido culto a la Santísima Trinidad, y beneficiarse de la asistencia espiritual de sus Ministros. Que la Caridad fraterna, alimentada por el compartir de la única Fe y la oración, marque el comienzo de un renacimiento de la Santa Iglesia, hoy oscurecida por mercenarios y traidores.

 

 + Carlo Maria Viganò. Arzobispo.

Ex Nuncio Apostólico en los Estados Unidos
3 de octubre de 2021.
Dominica XIX Post Pentecosten.